SOY EL GATO DE RIPLEY, MI DUEÑA ME DEJÓ PARA IRSE A UN PLANETA REPLETO DE ALIENS Y RESULTA QUE LOS QUE ACÁ ME RODEAN DÍA A DÍA SON TODOS COMO ALIENS: EXTRAÑOS Y EXTRAÑADOS A LA ESENCIA Y AL SIGNIFICADO DE LA EXISTENCIA.
NO ME CREO DIFÍCIL, NO ME CREO IMPOSIBLE.
SOLO ME CREO AZAROSAMENTE DISTANTE DE LA PERMANENCIA.

jueves, 24 de junio de 2010

El Centenarium

Y siempre debieron de existir locos, sabios y alquimistas. Las tres especies. Por lo tanto siempre había un sci-fi. Por otro lado, en los términos de la realidad más tangible, el hombre arreglando el telescopio Hubble en el espacio es la imagen de ciencia-ficción que Julio Verne tanto intuyó en sus libros. O sea, todo aquello ya está en la realidad y funciona así. Aunque casi lo parece, nuestro mundo no es surreal, no tiene esas connotaciones, esas exageraciones de El Bosco. No contiene esas transformaciones, pero eso no quiere decir que no tenga una alta dosis de fantasía que está inspirada por la misma realidad. En este caso la televisión, los medios o la propaganda, o no sé qué, han hecho que la gente también viva en esa nube de fantasía, tal cual el libro de Kafka.
-Te referís a La Metamorfosis.
Ese. "La metamorfosis de Bosch" es demasiado exagerada para concebirla en los términos de la realidad ordinaria. No quiero decir que ignoremos el llamado de la "metamorfosis" que se ve en las obras de Bosch, pero lo pongo como una especie de espejo límite. Que los hombres de ninguna manera nos veamos igual que esos monstruos - estamos hablando de los hombres-hiena o de los hombres-lobo - aunque parece ser lo único que nos falta hacer. Hasta uno puede pensar que serían facultades a desarrollar en en una sociedad del futuro. Cuando estás frente al espanto, a lo que ya no se puede arreglar, ni curar, ¿dónde está el hada?. Lamentablemente el espejo nos va a devolver nuestro rostro. Y admitamos que cierto "contenido surrealista" del accionar humano aún no ha logrado expresarse en su forma más profunda, completando la verdadera máscara de la masacre.

Luis Alberto Spinetta (del libro "Martropía" de Juan Carlos Diez -editorial Aguilar-)

El Centenarium es un ser que toma su energía vital del flujo lunar, a la inversa que el común de los seres vivos, que subexisten gracias a la luz del sol.
Su instrospectivo caracter hace eclosión las noches de luna llena, como históricamente sufre su transformación el hombre lobo ó el lobizón de nuestros terruños.
Sin embargo el Centenarium no sufre transformación alguna ya que es un ser preferiblemente de hábitos nocturnos y perteneciente desde sus orígenes a una especie generalmente tranquila en su apariencia, gustosa de la lectura y de las historias transmitidas oralmente, de gran actividad intelectual y que gusta de paseos a altas horas de la noche por extrañas regiones y senderos inhóspitos, por lo que suele confundírsele con criaturas malévolas ó con apariciones espectrales. Es un amoroso guardián de su morada que usa para ampararse y dar forma a sus trasnochadas elucubraciones y también por ello se los ha asociado equivocadamente con brujos ó hechiceros.
El Centenarium es una criatura que ha visto desfilar por el mundo generaciones de hombres portando y arguyendo multitud de ideas e ideologías, pero que han encontrado en las tumbas y cementerios su destino final, para dar paso a la siguiente marisma de novedades que han evolucionando en una espiral de interminables combinaciones para retornar a los siempre mismos pensamientos; por lo que éstos seres de carácter melancólico generan un férreo rechazo a las actividades humanas en todas sus expresiones, aunque son generalmente atraídos por actividades de orden artística debido a sus características emocionales, ya que poseen una gran sensibilidad innata. Acostumbran entonces buscar vanamente artilugios espirituales que los abstraigan de sus apesadumbrados derroteros.
Es una criatura que se mueve de forma sigilosa, como lo hacen los felinos y nunca gusta de ser notada. Rehuye las aglomeraciones y detesta las vociferaciones típicas de los humanos.
Muy de vez en cuando suele vérselo sentado a la mesa de algún bar, siempre por las tardes y las noches, nunca por las mañanas, pasando generalmente desapercibido y mirando a través de una ventana del mismo, alejado de los demás parroquianos y ensimismado en sus pensamientos, aunque en realidad solo toma un rol pasivo de contemplación, dejándose imbuir de las espóntaneas sensaciones que acuden a su espíritu. Sorbe lentamente su café y su mirada trasvasa los perfiles que hacen a la superficialidad de las cosas. Parco y anodino a propósito en sus gestos para contrarrestar la irresistible ampulosidad de su presencia, gusta dejar buenas propinas a los mozos del establecimiento. Luego acude presto a su morada, donde desarrolla todo el potente caudal de su sabiduría y de sus ensoñaciones para trasladarse al paralelismo ambiguo de la dimensión física.
El Centenarium sabe de la inasible naturaleza del cosmos, por eso es volátil y liviano como una brisa, deseoso de efímeros arrebatos y ante su imposibilidad, suele sonreir con una prístina mueca iluminada por la luna.
Y espera tranquilo, porque también sabe que "espera y acción" son la misma cosa: las generaciones de hombres pasan pretendiendo quedar, y algunos dejan cosas, pero como lo único inalterable es el cambio, nunca son las mismas cosas.
Como los hombres tampoco son los mismos.
Quedará solo el Centenarium, viendo como en realidad hemos sido nada y solo su solemne sapiencia abrigará nuestras mentiras.